Adiestramiento con criterio, para cualquier raza. No es un recetario ni una promesa: es trabajo conductual hecho con método, con el bienestar del perro como límite y con la evidencia delante. Si el caso es clínico, se deriva a un veterinario externo; un adiestrador no diagnostica.
Quién lo imparte
Juan Carlos Asensio.
Especialización
Dos áreas, y las dos tienen un límite legal que conviene decir antes que nada.
Guarda y custodia
Trabajo de protección dentro de las actividades regladas —IGP y el resto de disciplinas de la FCI—. Es un trabajo con reglamento, figuras y pruebas: tiene un marco, un juez y una forma correcta de hacerlo.
Y tiene un borde que no se cruza. Adiestrar a un perro para la agresión fuera de ese ámbito está prohibido por la ley. Lo que se trabaja es el trabajo de protección reglado, no «preparar a un perro para defenderse» ni endurecerlo para la calle. Es la diferencia entre un deporte y un delito.
Corrección de conducta peligrosa
Casos en los que hay riesgo para el perro o para terceros: agresión, mordida, protección de recursos, reactividad grave. Se abordan, y se abordan con tres reglas que no se negocian:
- Nunca con métodos aversivos. No hay una excepción para los casos graves: la ley prohíbe igual los collares eléctricos, de impulsos, de castigo y de ahogo. Un caso grave no justifica un método prohibido; justifica más criterio.
- Siempre con valoración veterinaria previa, por un veterinario externo. Un adiestrador no diagnostica. Antes de modificar una conducta peligrosa hay que descartar dolor, un problema neurológico o un cuadro clínico que la explique — y eso lo hace un veterinario, acreditado en comportamiento animal cuando el caso lo requiere. Ese veterinario es externo al servicio: no lo aporta ni lo sustituye el adiestramiento, y la valoración la concierta el propietario con su propio veterinario. Sin ese paso no se empieza.
- Sin prometer resultado. Un perro con historial de mordidas puede necesitar derivación, no sesiones. Prometer que «dejará de morder» no resuelve el problema: lo tapa.
Lo que este servicio no es: no es un sitio al que llevar a un perro peligroso para que vuelva «corregido», ni un atajo cuando ya ha habido una mordida. Si hay riesgo para personas, lo primero es la valoración veterinaria y, cuando proceda, la derivación a un profesional de comportamiento animal.
Cómo se trabaja
El método no se elige: la ley lo fija. Manejar a un animal con métodos que le causen sufrimiento, ansiedad o miedo está prohibido, y también lo están las herramientas invasivas y, en particular, los collares eléctricos, de impulsos, de castigo y de ahogo.
Lo que sí define el trabajo:
- Se enseña y se modifica conducta con refuerzo, no con castigo, y se explica el porqué de cada paso.
- Se trabaja por debajo del umbral: un perro que ha pasado al miedo o a la reacción no aprende, solo ensaya la reacción.
- Se deriva cuando toca. Si hay dolor, un cuadro clínico o un problema de conducta que exige diagnóstico, la derivación al veterinario no es una cortesía: es parte del trabajo.
El criterio completo, con sus fuentes, está en la serie Adiestramiento y en la página de fuentes de la serie.
Ámbito de trabajo
Especialización: guarda y custodia (trabajo de protección reglado: IGP y disciplinas de la FCI) y corrección de conducta peligrosa, siempre con valoración veterinaria previa.
Cómo se fijan los precios. No hay tarifa fija ni se publica de antemano: el importe se indica después de una evaluación del perro y de los dueños —qué conducta hay que trabajar, con qué dedicación y durante cuánto tiempo—. La evaluación es lo que decide el precio, porque no cuesta lo mismo un caso que otro.
Límites que conviene tener claros
- Un adiestramiento no sustituye la valoración presencial de un veterinario ni de un profesional del adiestramiento. Ninguna página resuelve lo que solo se ve delante del perro.
- El veterinario es externo al servicio. La valoración y el diagnóstico los hace el veterinario del propietario, fuera de este servicio: aquí no se diagnostica ni se sustituye esa consulta.
- Un caso clínico no se atiende por esta vía. Un perro con dolor, un cuadro neurológico o un problema de conducta que exija diagnóstico necesita un veterinario, no una clase.
- El precio no es fijo. Se indica tras evaluar al perro y a los dueños; no hay tarifa de catálogo.
- No se admiten métodos aversivos. No es negociable: es el estándar de la Ley 7/2023.